En un feriado no tan reciente, surgió un plan alterno para descansar: Pasar la noche en Cajas. Ahora, hay que hacer unas cuantas precisiones. Primero, no se trata de usar cajas de cartón para resguardarse de los elementos… ah, caramba… Si ustedes aplastan “alt+flecha” la pantalla rota 90 grados, Sabían eso?…hmmm, no, parece ser que es sólo en ésta laptop… bueno, en fin… Segundo, nótese que en ningún momento he dicho dormir en Cajas sino: pasar la noche, en Cajas. Si alguno de ustedes opina que es lo mismo… créeme que no – lo – es, como se verá a continuación.
Al ir a Cuenca y pasar por el Parque Nacional Cajas, se me cruzaba en varias ocasiones por la cabeza la idea de que sería agradable acampar ahí. Y en un Feriado Surgió el tema como de paso y de repente tres fulanos nos encontrábamos dispuestos a cumplir el objetivo de acampar en Cajas.
Sleeping bags, una carpa, unos cuantos etcéteras, tres personas y un carro. Nelson Juan Fernando y yo, nos dispusimos a salir. La primera casualidad/perdida, del viaje fue la furgoneta, se quedó en casa de Nelson. La choleamos a favor del C3 de Nelson que se presentaba como un mejor compañero de viaje, no sólo por su juventud sino también por sus habilidades musicales (la furgo no es deportista ni fan de ningún equipo, ni del equipo de sonido ni del equipo de aire acondicionado).
Se hizo aparente nuestro primer gran descuido, no pasamos por ningún supermercado para comprar víveres. Paramos a comer en el “On the Run” de Durán pero no compramos mucho para después porque esperábamos encontrar otro lugar para comprar. Mientras viajábamos nuestro falso optimismo empezó a salir silenciosamente sin ser notado y en nuestra mente se empezaban a dibujar escenas como: “Bitácora de viaje, x:xx horas, han pasado 2 horas y todavía no hay rastro de una tienda para comprar víveres, ponemos nuestras esperanzas en que… Bitácora de viaje, x:xx horas, gran desilusión, lo que veíamos a distancia y parecía ser una tienda para comprar víveres ha resultado ser una gasolinera de diesel y unas cuantas casuchas de…” ante lo cual lo único que hacíamos al respecto era reírnos y hacer más entradas ficticias a la bitácora
En el viaje conversamos y oímos tanto canciones como algunos podcasts, particularmente chistoso estuvo uno de “Ask a Ninja” algo así como: “Waiting lines?, well they can be pretty stressful, ninjas don’t like waiting lines. When You are on a line you can do this like “há, waasáa, heeeey-yaaaa!” That won’t make you a lot of friends, but honestly, lines are not about making friends…”
No pregunten por qué (las pistas las pueden encontrar en el penúltimo párrafo) pero atravesamos Cajas para llegar a Cuenca, comprar unos cuantos artículos necesarios como: marshmellows, jugo, salchichas, queso, atún, pan, yogurt, cereal, y alguno que otro etcétera. Quedamos muy extrañados de no encontrar aquellos artículos de tan común presencia en una tienda de gasolinera, a saber: linterna para acampar y leña para la fogata. Ahora que recuerdo nos faltó preguntarle al que atendía si no era que si tenían pero se les había acabado el stock y cómo cuándo lo tendrían, pues para saber ¿no?
En todo caso llegamos a Cajas, nos bajamos del carro, salimos corriendo a poner la carpa y volando a sacar las cosas del carro. Cabe aclarar que cuando estás en el páramo, la palabra correr y sus demás sinónimos se emplean solamente en sentido figurado.
Colocamos la carpa al lado de una choza de paredes de hormigón ciclópeo (cemento y piedrotas) y techo de paja y madera que la habían usado para hacer una fogata. La ligera garúa de la noche nos mostró las razones de esto. Como no teníamos linterna, para encontrar las cosas en la noche prendíamos el celular y “escaneábamos” la superficie a investigar. Ése era el único uso que le podías dar ya que no tenía señal. Aunque nos salvó la súper pluma que me había regalado mi hermano. El puntero laser servía para jugar nomás pero la pequeña linterna incorporada fue de mucha utilidad. Tanta que la colgamos encendida en el centro del techo de la carpa.
El verbo acampar generalmente va acompañado del sustantivo fogata. Tal asociación era tan fuerte que nos empeñamos (unos más que otros) en hacer las fogatas. Empleo el plural porque pretendimos prender una afuera y ante la garúa se prendió una en la choza, y estuvimos manteniendo por mucho tiempo una guerra de dos frentes. Se mantuvo la de la choza y fué ahí donde comimos los masmelos y la salchichas y tomamos agua y humo.
Una vez terminada la fogata, a “dormir“. Los dos puntitos que se encuentran de un lado y otro de la palabra “dormir” (¡Ahí están de nuevo!) se llaman comillas. Por lo general, lo que está entre comillas está en entredicho o sea: no dormí en toooda la noche. Las fundas de dormir y la carpa hicieron su trabajo de aislarnos del frío, pero el sleeping no aportó con el suficiente acolchonamiento. Por tanto me pasé toda la noche bien metido en el sleeping bag (por que al asomar un poco la cabeza te daba un friio) esperaando a que llegue o el sueño o el día. El sueño debió de haber perdido un avión en Tokyo o algo parecido porque primero llegó el día.
A las cinco de la mañana, ya harto de estar tumbado esperando, salí de la carpa y fue muy agradable ver el amanecer. El suelo era blanco, no por nieve sino por escarcha. La lona superior de la carpa tenía gotitas congeladas. El lago se veía muy chévere con los rayos matutinos y una tenue niebla se desplazaba sobre él. Los cerros vecinos cambiaban su apariencia según se avanzaban los rayos del sol. Nelson salió también a ver el amanecer y Juan Fer aprovechó los dos sleepings vacantes para acurrucarse bien y poder dormir algo.
El desayuno fue excelente, con música de fondo (llevamos la Ipod de Nelson y unos speakers) y un sol que se esforzaba por disminuir el frío. Después del desayuno, como es natural en todo campamento, jugamos una partida de Risk. Luego desmantelamos la carpa y trepamos todo al carro.
Lo chistoso es que nadie durmió pero cada uno pensaba que los demás estaban dormidos, por lo menos hubiéramos conversado toda la noche. Estábamos molidos del cansancio por la desvelada, no recorrimos nada por la falta de oxígeno y el exceso de frío. Ustedes creen que volveríamos a hacer un plan semejante. ¡Por Supuesto! Para descansar es esencial cambiar de ambiente, desconectarse por un momento de la realidad cotidiana. Tan esencial que aunque físicamente uno termine más cansado, mentalmente descansas por el cambio de ambiente. Así que algún día volveremos pero mejor preparados, con linterna, algún tipo de acolchonamiento, una laptop, DVD’s, sistema surround y… bueno ya veremos que llevamos.