Además de los payasitos (los que te cuentan chistes) y los payásitos (los que tenía el fulano que vendía purgantes en el bus), hay otras cosas con las que uno se puede topar…
Estaba de nuevo en aquella esquina. Era de noche. Venía de la U. donde estaba trabajando en unos planos cuya entrega era en escasos días (es otra manera de decir que eran las x horas de la Madrugada). Del local de mala muerte de al frente sale un fulano de menor edad que yo, y viene hacia la parada del bus. No recuerdo quien inició la conversación, pero resulta que era un estudiante del Tec también. De vez en cuando se gastaba la plata que le mandaban sus papás en ir a lugares como del que acababa de salir. Estaba en la lona. Cuando le pregunté su nombre me dijo que se llamaba “Pimienta”. Pensé por un momento que sería un apellido raro (ya conocía a alguien que se apedillaba ‘Limón’, así que ‘Pimienta’ no me sonaba poco probable. Pero parece ser que era su apodo. Resulta que iba hacia el mismo barrio que yo, de hecho quedaba cerca de la casa. Así que acompañé al potencial peligro/víctima hasta su casa, mientras hablaba tonteras. Me impresionó ver a un tipo que estudiaba en la misma universidad que yo, y en vez de ponerse a estudiar llevaba una vida así. La verdad, no le llamé la atención sobre lo mal que llevaba las cosas pues pensé que en su presente estado difícilmente le sería de uso, aunque realmente es difícil saberlo. De regreso, al llegar a la residencia estaba alo pensativo. Triste tener educación y no tener formación, y para esto la familia es clave. Uno a veces no se da cuenta cuántas cosas por las que hay que agradecer. La familia, los amigos, el ambiente en el que uno ha crecido, etc…
(Pueden tomar un tiempo para pensarlo, si quieren, la anécdota siguiente no se va a ir a ningún lado)
Estaba prácticamente sólo en el bus, íbamos: el conductor, yo, un chico y una chica sentados en la parte de atrás y El Surfista. Se encontraba en medio del pasillo, de pie, y trataba de evitar cualquier contacto con las sillas o con la pared del bus. Cuando éste paraba o frenaba, su labor era realmente sencilla, recorría parte del pasillo (hacia delante o hacia atrás dependiendo de si frenaba o aceleraba) y así mitigaba la inercia. Lo difícil, según veía, eran las curvas. Daba una serie de pasos, vueltas y maromas raras, para contrarrestar la “ley de la curva”. Todo el trayecto se la pasaba haciendo eso. Yo, por mi parte, lo veía extrañado y me decía: Tengo que preguntarle qué es lo que está haciendo. La verdad soy un poco reservado y me costó mucho entablar la conversación, pero finalmente lo hice. Algo así como: “Disculpa que te pregunte pero… ¿Qué estás haciendo?”. Su respuesta la hubiera entendido mejor si hubiese estado estudiando para ser ingeniero físico industrial. De eso a arquitectura hay mucha distancia, así que le entendí menos de la mitad. “Ah, mira… muy interesante, muy interesante, es la segúnda o la x ley de newton que dice…”. En cierto punto yo pensé que entendí y le dije que lo que estaba haciendo era contrarrestar la inercia. Me corrigió con el enunciado de nosequé ley o definición de la inercia. Mientras me explicaba sobre las leyes de la física, me tocaba bajarme en la siguiente parada, se lo hice notar y para terminar con la conversación. Ok, me dijo, “…pero recuerda, mientras más ardua es la lucha más gloriosa es la victoria”. Me bajé del bus algo sorprendido por aquel personaje, pero contento de haber conseguido una anécdota para contar, conversado un rato con el surfista.