BCN – Blog de Jóse – 2.0

Entries from May 2006

Historias que van en Bus II

May 31, 2006 · Leave a Comment

Además de los payasitos (los que te cuentan chistes) y los payásitos (los que tenía el fulano que vendía purgantes en el bus), hay otras cosas con las que uno se puede topar…

Estaba de nuevo en aquella esquina. Era de noche. Venía de la U. donde estaba trabajando en unos planos cuya entrega era en escasos días (es otra manera de decir que eran las x horas de la Madrugada). Del local de mala muerte de al frente sale un fulano de menor edad que yo, y viene hacia la parada del bus. No recuerdo quien inició la conversación, pero resulta que era un estudiante del Tec también. De vez en cuando se gastaba la plata que le mandaban sus papás en ir a lugares como del que acababa de salir. Estaba en la lona. Cuando le pregunté su nombre me dijo que se llamaba “Pimienta”. Pensé por un momento que sería un apellido raro (ya conocía a alguien que se apedillaba ‘Limón’, así que ‘Pimienta’ no me sonaba poco probable. Pero parece ser que era su apodo. Resulta que iba hacia el mismo barrio que yo, de hecho quedaba cerca de la casa. Así que acompañé al potencial peligro/víctima hasta su casa, mientras hablaba tonteras. Me impresionó ver a un tipo que estudiaba en la misma universidad que yo, y en vez de ponerse a estudiar llevaba una vida así. La verdad, no le llamé la atención sobre lo mal que llevaba las cosas pues pensé que en su presente estado difícilmente le sería de uso, aunque realmente es difícil saberlo. De regreso, al llegar a la residencia estaba alo pensativo. Triste tener educación y no tener formación, y para esto la familia es clave. Uno a veces no se da cuenta cuántas cosas por las que hay que agradecer. La familia, los amigos, el ambiente en el que uno ha crecido, etc…

(Pueden tomar un tiempo para pensarlo, si quieren, la anécdota siguiente no se va a ir a ningún lado)

Estaba prácticamente sólo en el bus, íbamos: el conductor, yo, un chico y una chica sentados en la parte de atrás y El Surfista. Se encontraba en medio del pasillo, de pie, y trataba de evitar cualquier contacto con las sillas o con la pared del bus. Cuando éste paraba o frenaba, su labor era realmente sencilla, recorría parte del pasillo (hacia delante o hacia atrás dependiendo de si frenaba o aceleraba) y así mitigaba la inercia. Lo difícil, según veía, eran las curvas. Daba una serie de pasos, vueltas y maromas raras, para contrarrestar la “ley de la curva”. Todo el trayecto se la pasaba haciendo eso. Yo, por mi parte, lo veía extrañado y me decía: Tengo que preguntarle qué es lo que está haciendo. La verdad soy un poco reservado y me costó mucho entablar la conversación, pero finalmente lo hice. Algo así como: “Disculpa que te pregunte pero… ¿Qué estás haciendo?”. Su respuesta la hubiera entendido mejor si hubiese estado estudiando para ser ingeniero físico industrial. De eso a arquitectura hay mucha distancia, así que le entendí menos de la mitad. “Ah, mira… muy interesante, muy interesante, es la segúnda o la x ley de newton que dice…”. En cierto punto yo pensé que entendí y le dije que lo que estaba haciendo era contrarrestar la inercia. Me corrigió con el enunciado de nosequé ley o definición de la inercia. Mientras me explicaba sobre las leyes de la física, me tocaba bajarme en la siguiente parada, se lo hice notar y para terminar con la conversación. Ok, me dijo, “…pero recuerda, mientras más ardua es la lucha más gloriosa es la victoria”. Me bajé del bus algo sorprendido por aquel personaje, pero contento de haber conseguido una anécdota para contar, conversado un rato con el surfista.

 

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Historias que van en Bus I

May 17, 2006 · Leave a Comment

Hay buses que van llenos de historias en el sentido de que cada pasajero tiene su propio cuento. Pero también hay historias que van en buses. Aquellas ocurrencias que sólo en un bus pueden suceder. No quisiera hablar en este momento de aquellas novelas policiacas que, desgraciadamente oímos con cierta frecuencia. Por un lado, porque son tristes y por otro lado porque a esas historias les falta el final policiaco: al ladrón disfrazado de payaso no sabemos si lo atrapan al final de la novela o no. Sólo sabemos que nuestra billetera pesa lo mismo que antes sólo que no somos nosotros quienes la llevan por ahí. Hay quienes dicen que no sólo le falta un final policíaco sino que la presencia policíaca es totalmente nula.

Pero, como dije al principio, no se trata de esas historias, se trata de otro tipo. Aunque no son muy estelares, hay algunas que vale la pena contar.

Las historias que van en buses tienen una amplia gama de personajes. Ya me he topado desde un predicador urbano de esos que decide subirse al bus con sus hermanos y hablarles de la Biblia (aunque sus hermanos parecen no hacerle mucho caso) hasta un vendedor de purgantes que cargaba en frascos los distintos parásitos que su producto elimina. Innecesariamente gráfico ¿No?

Pero las historias que pienso contar tienen otros personajes como un surfista urbano, un chico llamado “pimienta”, un borracho sin suerte y una desafortunada chica. Lo chistoso es que todas estas me las topé yo en la misma ruta, aunque no fue en el mismo recorrido.

Me encontraba yo en aquella esquina, donde me bajo de un bus para luego invertir el proceso subiéndome en otro. Era de noche en Monterrey. Lo bueno de aquella esquina es que se encontraba bien iluminada y en una vía principal de la ciudad. No había peligro. Lo malo es que, de todas maneras, el local al frente de la parada, al otro lado de la calle, era un lugar de mala muerte y de mala vida también. Sale de allí un borracho y se acerca a la parada de bus en la que sólo estaba yo. El borracho me preguntó por la hora y no me acuerdo que otros comentarios hizo. Realmente no se puso agresivo pero se ve que quería conversar de muchas cosas. En eso llega una patrulla. Me preguntan si el borracho estaba molestando, el Borracho se acerca y hace conversación con el patrullero. Error. Las esposas se las pusieron sin que se dé mucha cuenta y lo empiezan a meter al patrullero mientras me preguntan por mi nombre para levantar una denuncia. Les dije que no tenía que denunciar nada puesto que el borracho no había hecho nada. Mientras lo meten al carro, me lanza una mirada suplicante para que abogue por él. Pero la verdad estaba tan borracho el fulano que, suelto por la ciudad, hubiera sido un peligro.

Pero quien resultó ser un peligro suelto en la calle fui yo… Me encontraba en aquella esquina… Era de día. Mi mirada se encontraba fija hacia el extremo de la calle desde el que vendría mi futuro transporte. No venía. Pasa el tiempo y se asoma. Siguiendo la costumbre, para llamar la atención del conductor, procedo a levantar tranquilamente mi brazo dibujando un amplio arco desde abajo hasta arriba hasta que: tak! Algo se interpuso al final del camino. Sorprendido, giro la cabeza a mi derecha. Me desconcertó ver a una chica desconcertada. ¡Le había pegado en la quijada sin querer! Realmente fue un movimiento ligero, de manera que no le hice daño, pero igual no debió de haber sido agradable. Seguía con la cara de sorprendida y yo debí de haber tenido cara de sorprendido también, sólo que me explayaba pidiendo disculpas. La chica terminó por reirse por la rareza de lo ocurrido e hizo un gesto de que no me preocupe. Ya en el bus cada uno se sentó por su lado. Si algún guionista está leyendo esto y se le ocurre que es buen comienzo para una película de romance-comedia, puede ponerlo en el guión nomás, que yo no lo voy a demandar. (Para quien tenga la curiosidad, no, la chica no era guapa).

Me falta contar la historia del chico que se llamaba “Pimienta”, la del Surfista Urbano y la de cuando quería ir al Policentro y terminé en el Complejo Deportivo de Filanbanco. Las primeras dos las pondré en la siguiente entrada del blog. De la última ya no hay más que contar, ése es el abstract, no hay mucho más que eso.

Categories: Anecdótico